Ley de elección de sexo

Las Cortes Valencianas están a punto de aprobar la ‘Ley integral del reconocimiento del derecho a la identidad y expresión de género’, es decir la que quiere imponer la ideología de género. Con ese título tan largo, o precisamente buscado con tal complejidad para que pase inadvertido ese texto legal en la sociedad, el mareo de cualquiera es comprensible. Los más entendidos la resumen en la ley de ideología de género, pero encuentran grandes dificultades para explicar la ideología de género. No digamos ya en el caso de la mayoría de los ciudadanos, que tienen otros problemas más urgentes -dificultades económicas y laborales, salud, educación de los hijos o atención de los mayores y discapacitados, por ejemplo- y, aunque tienen sobrada capacidad para entender tanto o más que los diputados, la cuestión sexual no es la prioritaria, pero en el caso del tripartito las prioridades son las que son. Ya llegará el momento de que los votantes juzguen en 2019 lo que ha sucedido estos años.

Con ese título mareante de la ley se busca difuminar el objetivo, a la vez que ensalzar y envolver. Podría llamarse ‘Ley de elección de sexo’ y quedaría más claro para todos. Pero deliberadamente quiere oscurecerse todo, aprobarlo con suma rapidez y hurtar el sereno debate que una cuestión así requiere. El eje es la transexualidad.

Con el anteproyecto de ley aprobado se consagra el derecho a elegir sexo, también a los menores y sin el consentimiento de sus padres. Se impartirá el conocimiento y aplicación de esta ley en todos los centros escolares, públicos y privados, con sanciones severas si no se hace: una excusa más para quitar conciertos educativos. El objetivo está claro y se ataca por todos los flancos: educación sin libertad, imposición de ideologías y calificar de antidemocrático a quien no esté de acuerdo. Me parece que va a subir mucho la tensión en la calle, en los centros escolares y en las empresas por esta imposición, carente de suficientes fundamentos antropológicos: es un experimento, y ya sabemos que lo mejor es experimentar con gaseosa, pero no con los niños, las familias, la educación… ¡Los problemas que vienen!

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